domingo, 20 de octubre de 2013

"MEMENTO, HOMO..."


               Antes, cuando las cosas estaban de otra manera, a todo el mundo  -bueno, casi-  le sonaba la denominación Miércoles de Ceniza.  Esa jornada en que, a los asistentes a misa, el sacerdote les ponía un poquito de ceniza en la frente o en el pelo, como símbolo de la naturaleza ínfima de los humanos, hechos de tierra, de polvo, según la narración metafórica de la creación del hombre. Al hacerlo, el celebrante decía esta frase, que en la liturgia de entonces era en latín: “Memento, homo, quia pulvis es et in pulverem reverteris”, o sea, “Recuerda, humano, que eres polvo y al polvo volverás”. Incluye un pasaje de la Biblia Vulgata (*). El Miércoles de Ceniza daba comienzo al tiempo de Cuaresma, dedicado a la penitencia y a la renovación espiritual (**).
               Una referencia a esa apelación la he encontrado hace unos días en la novela que estoy leyendo: Mentiras aceptadas, la última de J.Mª Guelbenzu.  (Madrid, Siruela, 2013, p. 196,    edición electrónica).  Pero con un error grave en la palabra “polvo”. El autor incluye la cita en latín, se supone que del  texto original de la Vulgata. Digo se supone porque en realidad escribe: “pulvis es et in pulvis  reverteris”.  Pone, así, en nominativo, que es el caso del sujeto, el complemento de destino, que debe ir en acusativo con “in”.
               Aunque parezca difícil de creer, tratándose de quien se trata, un escritor de larga trayectoria y notable prestigio, ha marrado ostensiblemente en su prurito de exhibir erudición y cultura religiosa y latina. Hubiera sido muy fácil haber realizado una consulta, ahora que internet las facilita enormemente. Es un detalle pequeño en el conjunto de la novela, la cual que puede parecer mejor o peor, según cada uno, pero no, desde luego, por mor de la ofensa a la morfosintaxis latina. Sin embargo, denota una cierta dejadez, incuria y falta de atención y esmero, en una tarea, la de la creación literaria, en la que Guelbenzu es profesional consagrado. Tarea  digna y aun excelsa, que merece más diligencia y cariño.
               No culpo solamente a quien firma el texto, sino también a la editorial Siruela, a cuyos correctores se les ha pasado una equivocación tan de bulto, que tanto canta. Porque, entre los lectores de una cierta edad (40, 50 años para arriba, al menos) y formación, la frase no es desconocida ni, en infinidad de casos, el latín tampoco.
               De todos modos, llevado por la curiosidad, me he dado un garbeo por la red y me he encontrado gran cantidad de textos de todo tipo y jaez (blogs, foros, revistas…), donde el mandato cuaresmal sufre las deformaciones más insólitas y descomunales. Anoto unas cuantas: “Memento homine quia pulvis eris et in pulvis reverteris”, “Memento mori, homine, quia pulvis est et in pulveris reverteris”, “Memento homo, qui pulvis es et pulveris reverteris”, etc. Se ve que todo el mundo se siente con derecho a manosear la lengua de Cicerón y desfigurar los textos de la liturgia católica, haciendo alarde, sin el más mínimo rubor, de su ignorancia.
               Decía antes que la cita de Guelbenzu responde, quizás, a un deseo de adornar la lengua de su relato con la de los clásicos y asentar su discurso sobre el del libro de los libros. Pero ha resultado fallido el intento, el efecto ha sido contraproducente. Es como si yo pretendo dar un toque de color y naturaleza a mi habitación y coloco en ella un jarrón con un ramo de flores mustias.

___________________________________________________________________

(*)  In sudore vultus tui vesceris pane donec reverteris in terram de qua sumptus es quia pulvis es et in pulverem reverteris (Génesis, 19, 3). Traducción: “Con el sudor de tu frente comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, de la que has sido tomado, ya que polvo eres y al polvo volverás” (Sagrada Biblia. Madrid, BAC, 1964).

 (**)  En la actualidad, el sacerdote puede elegir entre esa alusión a la muerte o esta otra fórmula, menos sombría: “Conviértete y cree en el Evangelio”. 


3 comentarios:

  1. Cada vez se publican más libros sin corregir, incluso de editoriales a las que se les presupone una buena calidad. Es indignante. Sigo sin entender que no les importe la imagen que dan. Menos mal que aún quedan editores a quienes sí les importa la calidad de sus textos, aunque parece que, por lo que se ve editado, estén en peligro de extinción.

    Saludos afectuosos, don Jaramos.

    ResponderEliminar
  2. Resulta incomprensible, sí. Por mi parte, empiezo por culpar al autor, claro. Gracias por tu (nueva) visita y (nuevo) comentario.

    ResponderEliminar
  3. ¡Ay, Gregoria, cómo me gustaban tus croquetas!

    ResponderEliminar