viernes, 1 de febrero de 2013

EL IDIOLECTO DE RAPHAEL


               De vez en cuando, urgando en mi discoteca o andurreando por internet, me topo con canciones de mi juventud, que coincidió con la “década prodigiosa” de la música ligera española. Por ejemplo, con canciones del que se hacía y se hace aún llamar Raphael. Títulos de la primera época, escritos casi todos por Manuel Alejandro y consagrados por el éxito. ¿Quién de mi edad no recuerda “Yo soy aquel”, “Hablemos del amor”, “Laura”, “Ave María”, “Digan lo que digan”, “Mi gran noche”, “Cierro mis ojos”, “Cuando tú no estás”, “Desde aquel día”, “Estuve enamorado”, etc., etc.? Después, a lo largo de la extensísima carrera del cantante, que sigue todavía por los escenarios, vinieron otras muchas, vienen y vendrán. Tan dilatada vida artística permite apreciar con facilidad no solo la evolución de su estilo, sino también las constantes de su peculiar forma de interpretar. Seguramente se habrán realizado análisis y valoraciones sin cuento, dada la popularidad y relieve de su figura en gran parte del mundo. Yo, humildemente, me quiero referir a una de las notas, una solo, que ha caracterizado a Raphael desde sus comienzos y sigue haciéndolo sin excepción.

               Me refiero a un elemento de su modo de pronunciar cuando canta, y subrayo esto de “cuando canta”, porque únicamente se observa ahí, y no al hablar. Se trata del seseo, que Raphael  practica sistemáticamente. Sin atender a otro fenómeno fonético más que el “seseo”, voy a transcribir un fragmento de una de las canciones “antiguas” que más me gustan:
                                               Sierro mis ojos,                                                                               
                                                              para que tú no sientas ningún miedo.                                  
                                                              Sierro mis ojos                                                
                                                             
para escuchar tu vos disiendo: “Amor”.                                                             
                                                              […] Yo no te veré, yo no te veré,
                                                              puedes haser lo que quieras conmigo.
                                                              No te miraré, no te miraré,

                                                              hasta que tú me lo pidas, amor”.        
                                                             
p://www.youtube.com/watch?v=TUoc8xCYbDA  
                                   
               Está claro, lo mismo que en todas, absolutamente todas las canciones de Raphael. De manera constante, el artista pronuncia como “s” lo que otros hispanohablantes realizan como “z” (escrita “c” o “z”), incluso en posición de final de sílaba (implosiva): “vos” por “voz”. Es una peculiaridad suya, un componente de lo que llamaré, con un término técnico, su idiolecto. Resulta, como veremos, muy curioso el fenómeno.
             
               Que un español sea seseante no tiene nada de extraño, pues lo son miles en nuestro país (todos los canarios, muchísimos andaluces, bastantes extremeños, etc.).  Pero se sabe que Raphael nació en Linares (Jaén), donde se distinguen ambos sonidos, y que, además, su familia y él se trasladaron a Madrid antes de que cumpliera el niño un añito. De modo que, lo que llama la atención es que este señor, que no procede de ninguna región dialectal seseante, se haya apuntado a la “s” y, más aún, que la emplee en vez de “z” tan solo cuando canta. Por otra parte, ni con música ni sin música su expresión oral muestra otros rasgos andaluces ni meridionales en general. Más aún, ese seseo idiolectal no es como el de Andalucía o Canarias, en donde la “s” tiene un timbre especial, sino que se parece más a la “s” castellana y de todo el norte. Con lo que llegamos a una situación un tanto singular: en general, la fonética raphaelina es  la del norte de España, menos en una cosa: el “seseo”, propio del sur, pero realizado con “s” norteña también. 
               A mí me parece que este comportamiento fonético no es espontáneo, sino fruto de un diseño intencional de imagen, cosa normal en los artistas y en quienes viven del público. De ahí que parezca un tanto artificial ese seseo. Casi seguro que el cantante o quienes lo asesoraban en sus comienzos pensaron en el mercado latinoamericano, uno de cuyos símbolos de identidad dialectal es el seseo. No digo yo que menospreciaran el español peninsular, mejor dicho, de una parte del español peninsular, sino que se atuvieron al talante fonético de la mayoría internacional. Los móviles de un proyecto artístico, como el lanzamiento de Raphael, son diversos, y uno de los más importantes es el económico. La música, lo mismo que cualquier otra actividad cultural, tiene una faceta comercial que no deben olvidar quienes la tienen como profesión. Puede que ese sea el origen y causa del seseo que comento. No descarto el deseo de agradar, de gustar a la que realmente constituye la mayor parte del público hispanohablante, cantándole “en su lengua”.
               Otras figuras de rango y origen similar, efectuaron una elección diferente: es el caso de Julio Iglesias, casi contemporáneo de Raphael. Tampoco le ha ido mal, sin embargo.